La leche materna favorece el desarrollo psíquico, neurológico e intelectual y el establecimiento del apego en el lactante cuando se brinda de forma exclusiva.
Para el niño: aporta anticuerpos contra diversas enfermedades y promueve el desarrollo del sistema inmune. Estudios indican un menor riesgo de contraer meningitis, enfermedades inflamatorias del intestino, otitis, diarrea, alergias y enfermedades respiratorias, entre otras.
Para la madre: disminuye el riesgo de padecer cáncer de ovarios y de mamas, aumenta la autoestima, disminuye el riesgo de anemia y de depresión postparto, y ayuda a perder la grasa ganada durante el embarazo debido al gasto calórico diario que el organismo realiza en la producción de leche.
Calostro: se produce desde el nacimiento hasta los 3 a 5 días de vida. Es espeso, escaso y rico en anticuerpos. Es importante considerar que la capacidad gástrica promedio de un niño en su primer día de vida es de unos 6 ml (una cucharadita).
Hay signos que nos pueden indicar que la lactancia materna está siendo efectiva:
- Moja con orina al menos 6 pañales en 24 horas.
- Sus deposiciones son de color amarillo mostaza y líquidas.
- Alerta tranquila: el niño puede permanecer despierto, pero tranquilo, entre alimentaciones.
- El bebé pide ser alimentado periódicamente, cada 2 a 3 horas y al menos ocho veces en 24 horas.
- La piel del pezón y la areola no presentan cicatrices.
- La mama se debe sentir más liviana al finalizar cada lactancia.
Ten mucha paciencia y confianza en ti misma y no hagas comparaciones: es un proceso de aprendizaje mutuo y gradual que toma tiempo.
